Class Dojo: cuando lo accesorio se vuelve imprescindible

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Desde hace años venimos descubriendo, casi a diario, que
las novedades en educación dejan de serlo muy pronto. Metodologías que eran
consideradas ‘el no va más’ en innovación educativa, pasan a ser en poco tiempo
didácticas inútiles o anticuadas; materiales y herramientas tecnológicas
encumbradas -por algunos ‘gurús’ de la educación- como el medio definitivo para
desarrollar las capacidades de nuestros alumnos, acumulan ahora polvo en los
desvanes de muchos colegios… Sustituidas de un modo cíclico por otros tantos
trastos que intentarán subsanar, ‘definitivamente’, los problemas que no
supieron encauzar sus predecesores.
Es cierto que la mayor parte de estas medidas revalorizan
la calidad de la enseñanza, incluso de un modo muy efectivo. Sin ir más lejos,
el uso del iPad ha supuesto una reforma palaciega en la dinámica diaria de
nuestras aulas, y  se muestra como uno de
esos elementos educativos que han llegado para quedarse. Pero los maestros
somos, quizás, quienes experimentamos un mayor desapego ante todos aquellos
parches que -en muchas ocasiones, desde un marco externo a la educación- se
erigen para remendar los descosidos del sistema educativo.
Con demasiada frecuencia se confunden las herramientas
con el resultado, como si el empleo de los mejores pinceles y los más finos
óleos bastasen para dotar de vida al lienzo. Hasta el más novel de los artistas
comprende que, en última instancia, es el dominio de la técnica pictórica, y no
la calidad de los materiales empleados, lo que otorga verdadera belleza al
cuadro. Del mismo modo, los maestros entienden que ciertas prácticas suponen el
fundamento de su labor, mientras que otros elementos -pasajeros o accesorios-
serán considerados convenientes siempre y cuando faciliten dichas prácticas.
Pero, ¿cuáles son aquellos elementos imprescindibles para
el buen desarrollo de la actividad educativa? Si nos centramos realmente en los
fundamentales, diría que tres: una educación personalizada -basada en los
intereses, motivaciones y necesidades de cada estudiante-, una planificación
educativa que vaya más allá del horario escolar y, por tanto, coordinada con
las familias de nuestros alumnos, y una formación constante y actualizada del
profesorado, motivada por la ilusión de ser cada día mejor maestro.
Es por ello que, en esta nueva entrada del blog, nos
ilusiona hablar de una herramienta que -con toda seguridad- se convertirá en un
elemento imprescindible del maestro; una herramienta que no solo complementa,
sino que resuelve una de las necesidades fundamentales de la educación: la de
lograr una comunicación  diaria, fluida y
constante entre los tres pivotes del sistema educativo: padres, alumnos y
maestros. Class Dojo propone, mediante una interfaz simple y amena,  un modo atractivo de llevar registros del
comportamiento y rendimiento de los alumnos en el aula… Pero teniendo como
objetivo principal involucrarles -tanto a ellos mismos como a sus padres- en
esta tarea.
El registro de comportamiento se lleva a cabo mediante
puntuaciones negativas y positivas, a través de un avatar que representa al
alumno. Por ejemplo, podemos dar +1 a un alumno por su trabajo en equipo, su
esfuerzo, su participación en clase o incluso por lo ordenado que está su
pupitre. O podemos darle una puntuación negativa porque no realizo una tarea
concreta, por hablar más de lo debido o por no ser puntual en la entrada a
clase. La puntuación se aplicará automáticamente en el avatar que corresponde
al alumno, con el motivo señalado, tal como ves en la imagen. Hasta aquí, nada
que no hubiéramos visto antes.
La novedad estriba en que dicha puntuación llega a los
padres al instante, a través de una app que previamente se habrán descargado en
el móvil. No tienes que rebuscar entre tu lista de emails, ni redactar una
valoración con la que premiar o recriminar el comportamiento del alumno.
Simplemente hacer ‘click’… Y punto.
Es precisamente esta
inmediatez y sencillez de uso la que confiere a Class Dojo su mayor
cualidad. Se acabaron los emails a los padres varios días después de producirse
la incidencia, cuando ya nada puede hacerse -excepto castigar o recriminarnos
mutuamente. Además, ¿cuántas veces se nos han ‘pasado’ enviar este tipo de
comunicaciones? Ya sea porque el alumno no acumulaba suficientes incidencias
como para requerir el envío de una carta,
o porque no tenemos tiempo para redactarlas, lo que debería ser una
comunicación fluida con los padres acaba reduciéndose a las pocas tutorías
establecidas a lo largo del curso -en algunos casos, demasiado separadas en el
tiempo como para ser efectivas por sí mismas-, cuando no a las sesiones de
entregas de notas… En las que, como se deduce fácilmente, poco puede hacerse
ya.
Y aunque de por sí esta función bastaría para justificar
la presencia en el aula de Class Dojo, esta app es mucho más que esto: la
acumulación continua de puntos permite convertirla en una dinámica muy
entretenida, donde se puede incentivar el buen comportamiento de los alumnos
con metas o premios. Una de las cuatro aulas de sexto de primaria usa Class
Dojo desde hace varias semanas, y la gran acogida que ha recibido por parte de
las familias, profesores y alumnos, ha conseguido que su uso se expanda en
estos días a las tres clases restantes. En este curso, obtener y acumular
puntos positivos a través de Class Dojo será pronto la única manera en que los
alumnos pueden acceder a aplicaciones educativas, para el iPad,  que les interesan muchísimo; para los padres,
un modo efectivo de seguir, día a día y con un sólo ‘click’,  la evolución del rendimiento y comportamiento
de sus hijos en el colegio;  y para los
maestros, Class dojo se convertirá en una herramienta divertida, personalizada
y fácil de usar, con la que reducir la apatía escolar y mejorar la comunicación
con cada familia dentro y fuera del aula.
Luis Alberto Hoyos
Profesor y coordinador de iPad de primaria

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